La calle del loro y lo de vomitar

Estoy en África. Sí, en África. Son las 12 y media de la mañana y no puedo dormir porque hay un puto mosquito. Ya ví a un avestruz, escuché a un pavo, vomité y nos perdimos tanto que de repente nos encontramos encinma de una báscula de camiones. Casi nos atrapó un mini tornado y también ya tuvimos la suerte de poder hablar con la policía.

Días viajados: 3
Distancia viajada: 613 km
Camas en las que dormí: 2
Número de upgrades: 2
Días en los que nesecité mi bolso de medecina: 3

Primera vez en el Océano Índico
Océano Índico en África

Pues nuestra vuelta al mundo no hubiera podido empezar peor. No ha sido suficiente lo de saltar de un huso de horario al otro (Múnich a Abu Dhabi a Johannesburgo: 0 / +2 / 0) y los fuegos artificiales en el avión desde Abu Dhabi (de repente las azafatas empezaron a correr teniendo unas latas en las manos rociando algún olor bueno) #nuncavistoantes.
No, después de alquilar un coche sin estrés y de conducir a la izquierda (que no es tan difícil) a nuestro hotel maravilloso que se llama Angel Guest House me entró la náusea. Muy bien. La noche y el día siguiente pasé vomitando. Y eso yo llevando diciendo que nunca me pongo enferma. Además notamos que nuestras tarjetas de crédito no funcionaban. Muy bien #2. Después de hablar por teléfono con un chico muy descortés y gastarnos €40 en la llamada por fin el cajero nos da dinero. Gracias a dios. Supuestamente todos los cajeros se quedaron sin dinero. Si, por supuesto. Lo creo, sobre todo que otra mujer del servicio al cliente había dicho antes que hay que activar algo para poder sacar dinero desde el extranjero…
Por cierto, acabo de matar al mosquito.
Entretanto me siento mejor. Alex, el chico de nuestro hotel nos cuidaba muchísimo. Nos llevó al supermercado porque ya era de noche y de noche es peligroso salir, nos dijó. También me preguntó de vez en cuanto si podría darme algo bueno para que me ponga mejor. Tío listo – solo quería que le demos buenas valoraciones en tripadvisor. Pero no pasa nada. Se lo damos si o si 🙂

Resumen después de 3 días: Los africanos son super simpáticos y atentos. Ni una vez tuvimos miedo. Pues, bueno. Quizas en la calle del loro…

Giren a la derecha por favor – pues, hay un portal?!

Tom, nuestro navegador (lo llamamos así y ya está), que intenta hacer su trabajo perfectamente desde hace 3 días dentro de Toni (nuestro Ford chiquitito) nos dijó que giremos a la derecha cuando conducimos desde Johannesburgo hacía la costa. Y de repente nos encontramos enfrente del portal. Un africano simpático nos miró y se nos acercó.

“Pueeeeees, ¿Se puede entrar aquí?
El africano: “Pues, normalmente os hace falta un permiso. A ver que puedo hacer para nosotras.”

Se fue y abrió el portal. Entramos a una calle de arena, no había nada mirando para la izquierda, mirando para la derecha. Nada. Nada menos polvo y a veces una acacia.

¡Loro! ¡Katja, un loro!

Loro es nuestra palabra de seguridad. Cuando una de nosotras se encuentra insegura, se lo decimos a la otra y ya sabemos que nos vamos ya. O que por lo menos sacamos el aerosol de pimienta 🙂 Pero Tom nos dijó que dentro de 5 km tendrémos que girar a la izquierda otra vez. Además nos dijó el africano simpático que podríamos salir de la calle sin problema. Entonces no hay ni prisa ni estrés. Únicamente cambiar la marcha es algo en que hay que acostumbrarse. Que te hace falta la mano de la izquierda.

De caderas buenas y tornados

El otro día me dijó una africana que tengo las cadenas muy buenas y no paró de mirarme, o mirar mi culo. Culos grandes y cadenas anchas son algo bueno aquí. Pues aquí me siento bien, aquí me quedo… 🙂 Hablando de grande y fuerte: Un mini tornado de arena casí nos atrapó Pues bueno, me gusta exagerar. Pero ha sido un tornado. Eso si. Y ya hablando de la naturaleza: WOW. Zonas infinidas, avestruzos, acacias, vacas, ovejas. Muchísimo tiempo nada, pero nada. Menos cada 100 metros unos africanos haciendo el autoestop. En la autovía. También de noche. También les gusta cruzar la autovía, andando. #increible
Hay que mencionar también los autobuses y los trucks abarrotados que llevan a muchísima gente en la parte de detras abierta. Y conducen 120 km/h, sin problema.

Entre riqueza y pobreza

Y ya llegamos al tema más importante: la gente rica y pobre. En ningún otro lugar ví a tanta gente rica y pobre. El abismo es tan grande y notable obviamente. Entre casas muy viejas con mantas puestas como paredes y casas nuevas, muchas veces solo se encuentra la autovía. Un extremo a la izquierda, otro a la derecha. Sobre todo el camino desde Johannesburgo a Durban me mostró que aquí hay de todo: desde muy rico hasta muy pobre. Aunque es obvio que hay más pobreza. Esa es mi impresión hasta ahora.

Dos blancas encima de una báscula de camiones y la policia

Katja y Kathi en el coche
Conducir a la izquierda

En busqueda de wifi nos pusimos por accidente en una cola de camiones un poco fuera de la autovía. Ya no había camino atrás y de repente nos encontramos encima de una báscula de camiones. Quien sepa para que sirve. Uno de los trabajadores nos gritó a través del micrófono, los otros se rieron de/con nosotras – no se sabe 🙂 También nos querían ayudar… como parecíamos perdidas. Ah y además nos paró la policía unos minutos antes. Control de rutina. Pues no parecemos ladrones o contrabandistas de drogas. Después de 2 minutos nos dejó seguir el policia 🙂

Por cierto nos hacía falta wifi para poder encontrar y reservar un techo encima de la cabeza. Por la mañana salimos de Joeburgo teniendo como destino llegar hacía Durban – o no. Normalmente soy más de planear las cosas (jeje, lo sabéis, ¿eh?) pero quería ver como es lo de la incertidumbre. Y no veas: había wifi. Check. Mañana ya saldré más relajada, que siempre se encuentra una solución 🙂

La mochila pierde peso

No solo que ya tomé unas pastillas. No, también tiré unos pantalones. Nada más llegar al Ku-Boboyi River Lodge en Port Edwards (no pagamos ni 10 Euros cada una) cerca de Durban, pensé que podría ponerme en el suelo (posición pedir el matrimonio a alguien) – que hace mucho que no lo hago. Elegí al chico del hotel. Haciendolo mis pantalones y mi rodilla se rompieron. Bueno… 😀 Gracias a dios tengo aerosol de herida en mi bolso de medecina. Pues decimos que es la culpa del suelo. Pero no importa: Levantarse (o decir a alguien que me levante), ponerse la corona de nuevo y seguir andando.

Ahora intentaré dormir en un hostal muy chulo, muy africano. El tiempo es una mierda (para que lo sepáis). Hace frio y está lloviendo. Da igual, estoy en Suráfrica 🙂

Besitos,
vuestra Kathi

PS: Hacer lo que te guste es libertad.
Que te guste lo que haces es felicidad.

Kathi - siempre feliz y alegre, en la mayoría de los casos con una sonrisa, enamorada de España, de risa fácil, optimista, espontánea y puntual...



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